Para padres. Por qué la disyuntiva está mal planteada, las cuatro rutas reales y las preguntas que ordenan la conversación.
Hay cuatro rutas. Carrera tradicional y emprender después, que arriesga que el proyecto muera esperando. Abandonar y dedicarse a la empresa, que apuesta todo a un resultado sin red de seguridad. Carrera y empresa en paralelo por su cuenta, que en la práctica es donde más jóvenes terminan soltando una de las dos. Y un pregrado donde construir la empresa es el currículo, como The Founders Degree de CEIPA con registro calificado del MEN, donde sale con título y con empresa. El riesgo real que hay que evitar no es elegir mal entre carrera y empresa: es terminar la década de los 20 sin ninguna de las dos.
Depende de si hay algo construido o solo una idea. Si ya tiene clientes que pagan de forma recurrente, la conversación es distinta de si tiene una idea sin validar. Lo que casi nunca sale bien es abandonar sin plan B y sin haber preguntado si lo que quiere es dejar de estudiar o dejar de estudiar eso en particular, que son cosas muy distintas. Antes de decidir, vale la pena revisar si existe un camino donde no tenga que elegir: en Colombia hay pregrados formales donde la creación de la empresa está dentro del currículo.
Cuatro preguntas ordenan casi toda la conversación. ¿Ya hay algo construido o todavía es una idea? ¿Qué pasa si en un año no funciona? ¿Quiere dejar de estudiar o dejar de estudiar eso? ¿A quién conoce que ya haya hecho el camino que propone? Si no tiene respuesta para la segunda, el problema no es la carrera, es la falta de plan B.
No, y conviene decirlo antes. Este tipo de programa le exige al estudiante más que una carrera tradicional: hay que construir de verdad, mostrar avances y sostener el ritmo. Para un joven que quiere el título con el menor esfuerzo posible, una carrera tradicional es honestamente mejor opción. Es para quien ya está construyendo algo y siente que la universidad tradicional le estorba.